Calma chicha

Mi calle es pequeña, tendrá…, qué sé yo, unos cuatro o cinco metros de ancho. Justo enfrente de la puerta, al otro lado de la calle, está aparcada la camioneta, Old Blue.

La puerta de casa mira hacia el Oeste, así que a esta hora de la tarde Old Blue proyecta algo de sombra en la calzada. Ahí, en esa sombra, descansa nuestro amigo el señor Conejo. Hace un par de días que apareció por el vecindario, atraído seguramente por los huertecillos del barrio. Se le ve tranquilo, no debe de vislumbrar ningún peligro al acecho.

Imagen

No, no hay peligro, todo está en calma, el mundo parece girar más despacio con este calor. Seguramente no hay ningún otro animal cerca que pueda molestar al señor Conejo, no hay de qué preocuparse.

Pero…¿quién está tumbado junto a la puerta, a escasos metros de nuestro nuevo vecino? Veamos.

ImagenEs Dylan. Por lo que a él respecta, ¡que vengan conejos!, él no piensa inmutarse. La vida es muelle, hay sitio para todos. Vive y deja vivir.

5 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Inquietante

El rastro de aquella entrada fantasma, hace ya dos, por la que se preguntaba Eduardo y de la que José Luis llegó a ver una fotografía, continúa.

Dos de mis seguidores, Raúl y Guisante, comentaban sobre el alcance de la tecnología (odio esa expresión de “las tecnologías”, lo siento, no veo por qué hay que utilizar el plural) y el control que puede ejercerse sobre nosotros mismos, sus inventores (bueno, algunos, que yo no he inventado nada), gracias a ella.

Pues bien, Guisante, abundando en su comentario a la entrada anterior, me envía esta imagen sacada de su propio ingenio como ilustración. Tal aportación merece todo mi agradecimiento y, por supuesto, la publicación de la imagen aquí mismo.

5 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

154

Esta entrada viene a contestar la pregunta de E. en la entrada anterior.

Estaba el otro día redactanto una entrada, ya la tenía terminada, y quería añadir una foto al final. Por algún motivo, cuando le di a “publicar”, solo aparecía la foto, el texto se había ido a hacer gárgaras, así que borré todo. Ya no me apetecía empezar otra vez desde el principio. La verdad es que no estaba muy satisfecha con lo que había escrito, así que interpreté el suceso como una señal de que, efectivamente, no tenía que publicarlo.

Pero ahí quedó ese “154”, que no era el título de la entrada, sino el número que la cámara había asignado a la fotografía cuando la tomé.

¿Es que no hay manera, en este mundo virtual, de borrar todo rastro de algo que no queremos publicar? Parece ser que no, que esto es como la pasta de dientes: una vez que has apretado el tubo, ya no hay forma de que la pasta vuelva adentro.

12 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Inteligencia

A menudo, me pierdo en mis propias reflexiones acerca del comportamiento de los humanos y del resto de los animales. Me digo: mira, aquí estamos nosotros afanándonos siempre por conseguir esto o lo otro, inventando, progresando, o lo que quiera que sea que hagamos. ¿Que nos ponemos enfermos? Inmediatamente se comienza una investigación, o varias, hasta que se descubre la causa y se le pone remedio. ¿Que cuando nos ponemos al sol nos quemamos? Nada de evitar el sol, no, nos apresuramos a inventar una loción que no solo previene las quemaduras sino que acelera el bronceado de la piel. ¿Que nos gusta ir al campo pero no queremos cambiar nuestro hábito de leer por la noche? Solucionado: lámpara de gas, o linterna eléctrica de pilas o, si nos ponemos ya serios, un generador.

Yo miro al resto de los animales y veo que no inventan nada. Ahí andan, tan tranquilos, comiendo lo que encuentran, tumbándose al sol cuando les parece y buscando la sombra de un árbol cuando tienen calor. Si se ponen enfermos, mala suerte, o se curan o se mueren (salvo que tengan conocimiento de tratamientos naturales, claro, pero eso no nos lo cuentan a nosotros). Nuestros compañeros de planeta no necesitan sillas, ni mesas, ni cubiertos, ni ninguna de las comodidades de las que nosotros parecemos incapaces de prescindir siquiera por unos días.

También pienso mucho en la arrogancia humana, siempre tratando de determinar qué es mejor para el planeta, para el resto de los animales, decidiendo, por ejemplo, si hay muchos lobos o pocos y actuando en consecuencia. Si hay muchos, los matamos; si hay pocos, los introducimos de nuevo. Si se nos pone enfermo el gato, le llevamos sin tardanza al veterinario y le aplicamos los tratamientos pertinentes, sin pararnos a pensar que si el gato tuviera ese interés, ya habría inventado la medicina gatuna, como hemos hecho nosotros.

Pero ayer, mientras le daba vueltas a estas ideas, ocurrieron dos cosas que me abrieron los ojos. De repente me di cuenta de que el resto de los animales no inventan nada porque para eso estamos nosotros. ¡Que inventen ellos!, se dicen mientras descansan de sus agitadas vidas. ¿Agitadas? ¡Pero si nos tienen de esclavos! No solo no somos los reyes de la creación, como se nos ha querido hacer creer durante siglos, sino que somos el hazmerreír de la naturaleza, los únicos que trabajamos para nosotros y para el resto. Por eso ellos no se preocupan de su salud, ya nos preocupamos nosotros; ni se afanan en cultivar nada, para eso estamos aquí los humanos; ni pierden el tiempo fabricando muebles, para qué, si ya están ahí a su alcance, fabricados por los más listos del universo.

¿A qué otra conclusión podría yo haber llegado después de ver lo que vi?

ImagenImagen

Ahí tenemos a la cierva, deleitándose con los brotes tiernos de las parras de mi jardín. Esa cierva no apareció por aquí en el momento de plantarlas, ni tampoco nos visita cuando hay que regar o podar, no, solo viene cuando el trabajo ya está hecho y ella solo tiene que poner su aparato de comer.

¿Y qué decir de Dylan, el gato? El arcón donde descansa, usando el resalte como almohada, no le ha costado esfuerzo ni dinero. Otros lo han fabricado, otros han trabajado para ganar el dinero que ha costado comprarlo, otros lo han trasladado, lo han montado. Cuando todo eso ocurría, él estaba a sus negocios de lamerse el pelaje y acicalarse, o quizá dedicándose a alguna otra agotadora actividad.

Y decimos que somos inteligentes…

6 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

El baile

En esta ciudad, durante el verano, todos los jueves se celebran las Summer Nights. Cortan el tráfico en el cogollo del centro e instalan un escenario donde cada día toca un grupo musical. La banda de hoy se llamaba Smokehouse. Eran muy buenos, con un repertorio muy variado.

Además, hay quioscos de cerveza, de refrescos, de perritos calientes, de dulces, hay un trenecito para los niños, un castillo hinchable…, en fin, una variedad de atracciones. Está también el Callejón del Arte, que es eso, un callejón al que dan las puertas traseras de varios comercios y donde tienen los contenedores de basura. Se le puso ese nombre porque hace unos años decidieron utilizarlo para que quien quisiera pintase en las paredes. Desde entonces, tanto estas como los cubos de basura son una exposición de graffiti cambiante. En este callejón se pone gente que vende su artesanía, además de un hombre que hace juegos malabares con antorchas llameantes, otro que toca la guitarra y canta aunque apenas se le oye, y una banda de música local, los Jolly Llamas, cuyo repertorio es principalmente blue grass. Hoy, además, estaba también James Van Nuys, compositor, guitarrista y pintor de aquí, al que acompañaba al violín una sobrina suya. La recaudación de las propinas se iba a destinar a ayudar a la Cornerstone Mission, un albergue para indigentes.

A mí me gusta mucho asistir a estas Summer Nights. El centro de la ciudad, en contra de lo habitual, se llena de gente y de animación, hay muchísimos adolescentes yendo de un lado a otro haciendo el ganso, como corresponde a su edad. Hay, por supuesto, muchísimos niños. Yo me divierto escuchando la música y bailando, pero lo que más me gusta es mirar a la gente, observar a los que bailan justo enfrente del escenario. Me encanta ver a esas parejas de todas las edades, pero sobre todo las talluditas, bailando el rock and roll, o el vals, o el country. Bailan bien y bailan con todas sus ganas. Disfrutan.

Fotos: G. Villasante

3 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Una petición

He creado esta petición y la expongo aquí por si alguno de mis seguidores está de acuerdo en firmarla.

Gracias.

https://www.change.org/es/peticiones/presidenta-de-la-comunidad-de-madrid-que-no-se-instale-eurovegas

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Hallazgo

Durante el invierno, los bordes del jardín se llenan de hojarasca y hierba seca apelmazadas que protegen del frío las raíces de las parras. Estos días de primavera, me dedico a limpiar todo ese detritus. Arrodillada en el suelo, corto las malas hierbas y retiro las hojas secas con la mano. De repente, encuentro algo distinto. Se trata de un cráneo de pájaro. Es de petirrojo, de uno de los cientos de petirrojos que acuden a las parras cuando están llenas de uvas. Se vuelven locos, van de aquí para allá, saltando de rama en rama, con ansia de no perderse ningún bocado suculento. Después de la cosecha, quedan aún muchos racimos escondidos. Esas uvas deben de estar ya muy dulces, de puro maduras, y probablemente estarán fermentadas y tendrán alcohol. Los petirrojos se emborrachan con ellas. A veces se les ve revolotear como trastabillando, perdiendo el equilibrio.

No sé cuál fue la causa de la muerte de este petirrojo cuyo cráneo he encontrado, pero una cosa es segura: murió feliz.

16 comentarios

Archivado bajo Uncategorized