Gustavo y su pandilla

Mi mesa de trabajo (la de oficina, no la de coser, que esa está en otra habitación) está junto a la ventana que da al pinar de la colina detrás de la casa. Mientras trasteo con el ordenador, veo lo que ocurre fuera por el rabillo del ojo. Percibo los movimientos de la naturaleza. Por ejemplo, ahora mismo, mientras escribo, algo se agita. Levanto la vista y observo que unos tímidos copos de nieve comienzan a caer así como sin querer, con poca decisión, sin saber muy bien dónde posarse.

Esta mañana, unos bultos oscuros se movían entre los árboles, allí donde estos cobran mayor espesura. Miro y no aprecio bien de qué se trata. Ciervos no parecen, son animales más pequeños y de color más oscuro. Los ciervos, estos días de nieve, corren saltarines cruzando la colina, vivificados por el frío, juguetones. ¿Serán perros? No, es un movimiento extraño, como una rebatiña. Ya me levanto de la silla, presto atención, escruto entre los troncos y, ya sí, ya sé quiénes son: el pavo Gustavo y su pandilla.

Ahí estaba Gustavo, bailando con las pavitas, ahora doy un saltito, ahora una voltereta, mira qué plumas más bonitas tengo y qué grande me pongo cuando despliego las de la cola. ¡Ay que te pillo! ¡Eh, tú, jovenzuelo, quita de ahí, que a esa pava me la camelo yo! Picotazo por aquí, carrera por allá, las chicas coqueteando…, en fin, el amor.

Luego, en el verano, vendrán las mamás con sus crías a comerse las uvas de las parras.

Y yo seguiré disfrutando de lo que veo por mi ventana.

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18 comentarios

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18 Respuestas a “Gustavo y su pandilla

  1. Fantástico, Ángela. Me gustaría asomarme a esa ventana un ratito y ver a Gustavo y su pandilla entre los pinos.

    Un beso

  2. BK

    Qué bonito, pura poesía. Me has hecho levantarme e ir hasta la ventana para mirar. Por la mía sólo se ve la suciedad que se ha ido acumulando estos días porque tenemos a los basureros en huelga. Ni un coche, ni una ventana en los otros edificios iluminada. El cielo está muy blanco, aunque aún no ha amanecido, por culpa de las nubes cargadas de lluvia… creo que necesito mudarme.

    Te iba a preguntar si Gustavo y su familia terminarán en la olla, pero prefiero no saberlo (pobre Gus).

    • No es probable que terminen en la olla si siguen por aquí. Pero en el caso de que así fuera, sus vidas servirían a un propósito bien noble: alimentar la cadena de la vida.
      Gracias por tu visita.

  3. Sap

    .
    Compadre, quiero cambiar
    mi caballo por su casa,
    mi montura por su espejo,
    mi cuchillo por su manta.

    No; que quiero decir que te cambio tu ventana por mi tele… ¿no?… ¿y por 10.000 teles?… ¿tampoco? Cachis, me lo imaginaba.

    🙂

    • Si yo pudiera, mocito,
      este trato se cerraba.
      Pero yo ya no soy yo,
      ni mi casa es ya mi casa.

      No, no hay trato, Sap. Yo ya vi El hombre y la Tierra y tengo la música grabada en la cabeza. Cuando veo estas escenas, le doy al ON y ya está.
      Gracias a ti y a Federico.

  4. victoria

    Te he leído muy atenta, comparando tu paisaje con el mío, no tiene comparación,yo veo a los contenedores que hay frente a mi casa, rodeados de casas viejas y también nuevas,pero son tristes,tu paisaje te dá alegría y el mío ni fú ni fá.

    • Pero tú también puedes ver este paisaje a través de mis ojos. Por eso lo escribo aquí, para que todos podáis verlo. Cuando presencio estas escenas, me acuerdo de todos vosotros, los que venís a leerme, y pienso: esto lo tengo que contar. Y vengo aquí y lo cuento. Así estáis a mi lado mirando por la ventana.

  5. Paco Principiante

    Y yo quisiera, tal vez,
    cambiar mi negro destino.
    Probar a ser un pavito
    presumido y con harén.

    Aunque acabe en la cazuela
    de una Ángela cualquiera….

  6. pmnogueira

    Que chulo! ciervos, pavos … y todo desde la ventana!

  7. Un saludo desde la Ciudad de México. Te conozco del blog de AMM, y acabo de enterarme de que tienes el tuyo propio. Gracias, Angela, por compartirnos tu ventana.

  8. Teresa G.

    La lectura de esta entrada me ha dado luz y calor en esta noche oscura y fría. Felicidades, Ángela.

    • Gracias, Teresa. Me alegro de haberte calentado un poco el corazón. Hablas de una noche oscura y fría y yo veo un sol radiante por mi ventana, fíjate. Pues mira, precisamente ahora mismo veo a Gustavo y su pandilla de paseo entre los árboles. ¡Qué majetes!

  9. Me ha gustado, Ángela. Vivo en una montaña. Cerca no tengo un pinar, sino la selva del trópico, sin nieve; y también se mueven animales que uno tarda en descubrir. Siempre se agradece vivir en sitios así. Un abrazo.

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