Inteligencia

A menudo, me pierdo en mis propias reflexiones acerca del comportamiento de los humanos y del resto de los animales. Me digo: mira, aquí estamos nosotros afanándonos siempre por conseguir esto o lo otro, inventando, progresando, o lo que quiera que sea que hagamos. ¿Que nos ponemos enfermos? Inmediatamente se comienza una investigación, o varias, hasta que se descubre la causa y se le pone remedio. ¿Que cuando nos ponemos al sol nos quemamos? Nada de evitar el sol, no, nos apresuramos a inventar una loción que no solo previene las quemaduras sino que acelera el bronceado de la piel. ¿Que nos gusta ir al campo pero no queremos cambiar nuestro hábito de leer por la noche? Solucionado: lámpara de gas, o linterna eléctrica de pilas o, si nos ponemos ya serios, un generador.

Yo miro al resto de los animales y veo que no inventan nada. Ahí andan, tan tranquilos, comiendo lo que encuentran, tumbándose al sol cuando les parece y buscando la sombra de un árbol cuando tienen calor. Si se ponen enfermos, mala suerte, o se curan o se mueren (salvo que tengan conocimiento de tratamientos naturales, claro, pero eso no nos lo cuentan a nosotros). Nuestros compañeros de planeta no necesitan sillas, ni mesas, ni cubiertos, ni ninguna de las comodidades de las que nosotros parecemos incapaces de prescindir siquiera por unos días.

También pienso mucho en la arrogancia humana, siempre tratando de determinar qué es mejor para el planeta, para el resto de los animales, decidiendo, por ejemplo, si hay muchos lobos o pocos y actuando en consecuencia. Si hay muchos, los matamos; si hay pocos, los introducimos de nuevo. Si se nos pone enfermo el gato, le llevamos sin tardanza al veterinario y le aplicamos los tratamientos pertinentes, sin pararnos a pensar que si el gato tuviera ese interés, ya habría inventado la medicina gatuna, como hemos hecho nosotros.

Pero ayer, mientras le daba vueltas a estas ideas, ocurrieron dos cosas que me abrieron los ojos. De repente me di cuenta de que el resto de los animales no inventan nada porque para eso estamos nosotros. ¡Que inventen ellos!, se dicen mientras descansan de sus agitadas vidas. ¿Agitadas? ¡Pero si nos tienen de esclavos! No solo no somos los reyes de la creación, como se nos ha querido hacer creer durante siglos, sino que somos el hazmerreír de la naturaleza, los únicos que trabajamos para nosotros y para el resto. Por eso ellos no se preocupan de su salud, ya nos preocupamos nosotros; ni se afanan en cultivar nada, para eso estamos aquí los humanos; ni pierden el tiempo fabricando muebles, para qué, si ya están ahí a su alcance, fabricados por los más listos del universo.

¿A qué otra conclusión podría yo haber llegado después de ver lo que vi?

ImagenImagen

Ahí tenemos a la cierva, deleitándose con los brotes tiernos de las parras de mi jardín. Esa cierva no apareció por aquí en el momento de plantarlas, ni tampoco nos visita cuando hay que regar o podar, no, solo viene cuando el trabajo ya está hecho y ella solo tiene que poner su aparato de comer.

¿Y qué decir de Dylan, el gato? El arcón donde descansa, usando el resalte como almohada, no le ha costado esfuerzo ni dinero. Otros lo han fabricado, otros han trabajado para ganar el dinero que ha costado comprarlo, otros lo han trasladado, lo han montado. Cuando todo eso ocurría, él estaba a sus negocios de lamerse el pelaje y acicalarse, o quizá dedicándose a alguna otra agotadora actividad.

Y decimos que somos inteligentes…

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6 comentarios

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6 Respuestas a “Inteligencia

  1. Cómo se nota que ya pronto va a llegar Bob a Rapid City, eh.
    A juzgar por las fotos, Dylan además de adormilarse plácidamente en su mueble-cama-almohadillado, tiene pinta de estar escuchando de fondo musical a su tocayo aquello de “….man gave names to all the animals…” y la lista cierva completando “…in the beginning, long time ago”.
    Precioso e inteligente relato, Ángela. Un beso

    • Eso, y encima les ponemos los nombres. Ni de eso se ocupan. ¡Todo lo hacemos nosotros! Se ríen, se ríen todo el tiempo por lo bajini. Gracias por tu visita y un beso.

  2. Sap

    .
    Es como aquello antiguo que decían los japos, que los monos hablan, pero es una capacidad que mantienen en secreto para que no los hagamos trabajar.

    Me encuentro muy cerca de tus reflexiones. Si hay algo estúpido y superfluo en este planeta es, precisamente, nuestra especie; una monstruosidad de la biología.

    Ea, hoy me he levantao yo optimista…

    🙂

    • Pero, hombre, Sap, cómo vamos a ser superfluos. ¿Dónde descansaría Dylan su tierna cabecita si no fuera por nuestros arcones? ¿De qué se alimentaría la cierva si nosotros no plantásemos nuestras parras? Parras cuyas uvas, por otra parte, utilizan los petirrojos para emborracharse, como ya reseñé unas entradas atrás. No, no, somos necesarios, hasta imprescindibles diría yo, pero no como señores, sino como siervos (que no ciervos).

  3. ¿Qué ha pasado con la fantasmal entrada “154”? Que decepción cuando he abierto el vínculo. “No encontrado”. En un primer momento pensé que era una broma o algún tipo de experimento que proponías a tus lectores. Me intrigan los números. ¿Qué significa 154?

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