Hallazgo

Durante el invierno, los bordes del jardín se llenan de hojarasca y hierba seca apelmazadas que protegen del frío las raíces de las parras. Estos días de primavera, me dedico a limpiar todo ese detritus. Arrodillada en el suelo, corto las malas hierbas y retiro las hojas secas con la mano. De repente, encuentro algo distinto. Se trata de un cráneo de pájaro. Es de petirrojo, de uno de los cientos de petirrojos que acuden a las parras cuando están llenas de uvas. Se vuelven locos, van de aquí para allá, saltando de rama en rama, con ansia de no perderse ningún bocado suculento. Después de la cosecha, quedan aún muchos racimos escondidos. Esas uvas deben de estar ya muy dulces, de puro maduras, y probablemente estarán fermentadas y tendrán alcohol. Los petirrojos se emborrachan con ellas. A veces se les ve revolotear como trastabillando, perdiendo el equilibrio.

No sé cuál fue la causa de la muerte de este petirrojo cuyo cráneo he encontrado, pero una cosa es segura: murió feliz.

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16 comentarios

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16 Respuestas a “Hallazgo

  1. Me hace gracia, o sea, encuentro simpática la relación que estableces entre los “bocados suculentos” y la felicidad, o entre las uvas fermentadas y la felicidad. Es así de sencillo.

    Un saludo

    • No lo había visto de ese modo, José Luis. Para mí, la relación estaba más bien entre estar donde uno quiere, haciendo lo que le gusta, y la felicidad. A fin de cuentas, la libertad. Sin embargo, me parece muy interesante tu punto de vista, añade otro aspecto más terrenal, si se quiere. Gracias por tu aportación.

  2. Efectivamente, José Luis, nos lleva, nos lleva. Lo que me parece más interesante es que cada uno ponemos los ladrillos de una forma diferente, aunque el edificio final resulte ser el mismo.

  3. mdlmar1

    Tu petirrojo murió feliz y -casi seguro- cantando, Ángela 🙂

  4. He disfrutado con tu historia de los petirrojos y las uvas. 🙂

  5. Raúl Hernández

    ¿Nos estás sugiriendo que muramos borrachos…?

    • Sí, eso es, borrachos de lo que quiera que sea que nos guste.

      • Raúl Hernández

        ¿Y crees que esa borrachera de lo que fuere haría más dulce el tránsito? ¿O por el contrario el alejamiento de lo amado y placentero es una mayor fuente de sufrimiento y dolor?

  6. Creo, Raúl, que no debemos dejar que la futura pérdida nos impida disfrutar del presente gozo. Si permitimos que eso suceda, anticiparemos el sufrimiento y no seremos felices nunca. Lloremos cuando nos duela, pero no antes. Muchas veces, es mayor el dolor anticipado que el real.

  7. Eso de “llorar cuando nos duela, pero no antes” encierra mucha sabiduría, Ángela.
    De todos modos sigo pensando que tu petirrojo murió feliz. Sin dolor, como anestesiado en vapor de uva 🙂

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