Azar

Presho es una ciudad de unos 700 habitantes en el medio de Dakota del Sur. Cerca, en la carretera interestatal I-90, está el área de descanso donde paramos el otro día cuando volvíamos a casa.

En la entrada del edificio en el que se encuentran los servicios, hay un mapa de la zona. Allí, mirando ese mapa, había un hombre y una mujer. El hombre llevaba una camiseta en cuya espalda se leía: Fuerteventura Reserva de la Biosfera. Cuando lo vi, no pude por menos de exclamar: ¡Fuerteventura! Al oírme, se volvieron los dos. Les pregunté en inglés si habían estado allí, a lo que la mujer, también en inglés, me dijo que vivían en Fuerteventura y me preguntó si yo sabía dónde estaba. Claro, le dije, claro que sé dónde está, soy española. Ella era italiana y me contó que hacía 20 años que vivían en Fuerteventura. Me dirigí al hombre para preguntarle si él era de la zona donde estábamos. No, me dijo ella, él es de Perú. Entonces, de repente, me di cuenta de que seguíamos hablando en inglés las dos y dije: o sea, que habláis español. Por supuesto, contestó ya en castellano, hablo español mejor que italiano. El hombre no decía nada. ¡Qué alegría, dije yo, encontraros aquí! Y ya nos despedimos.

Cuando salí del servicio, ellos ya se habían marchado.

Me quedé rumiando mi sorpresa durante mucho rato. ¿Cuáles son las probabilidades de que un peruano y una italiana que viven en Fuerteventura paren en una zona de descanso en Presho, Dakota del Sur? ¿Cuáles, las de que en ese mismo momento, una española que vive en Rapid City entre en ese mismo edificio? ¡Qué encuentro fortuito y extraordinario! Me parece que los tres estábamos tan atónitos que ni siquiera se nos ocurrió preguntarnos qué hacíamos allí. Caí después en la cuenta de que podría haberlos ayudado, quizá con alguna explicación, un consejo para su viaje, qué sé yo. Pero mi asombro era tal que no pude reaccionar a tiempo. Ellos tampoco me preguntaron, supongo que por el mismo motivo.

Seguí dándole vueltas y vueltas mientras conducía por la gran pradera, mirando a todos los de los otros coches, por si eran ellos. Pero no, no volví a verlos.

¡Qué lástima! ¡Qué oportunidad perdida!

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12 comentarios

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12 Respuestas a “Azar

  1. Bueno,ellos estarán pensando lo mismo…porqué no haber hablado un poco mas con esta española que para su coche en mitad de Dakota del Sur.
    Pero no siempre tenemos en el momento preciso las palabras adecuadas.O es mejor así,tanto ellos como tu pasasteis un rato imaginando todos los porqués de vuestro efímero encuentro.
    Un beso

  2. Sin el azar, nuestras vidas serían muy diferentes, aunque yo no suelo contar con él en mi vida diaria. Seguramente es un error, pero es eso, el azar, no se sabe qué sucederá.

  3. Victoria (Tori)

    Me encantan tus historias y aunque parezca mentira, estas casualidades se dan en la vida, la prima de una de mis hermanas, se fue de vacaciones sola a la Patagonia y estaba registrándose en el hotel, cuando la saludó un chico que era de Navalmoral, y que también había ido de vacaciones allí, y sólo, llevaban sin verse años, ya que la chica trabaja en Madrid, para que veas también la casualidad. Bueno, te noto que estás bien de ánimo, un beso.

  4. Raúl Hernández

    ¿Cuál es la probabilidad de encontrarse un inglés sentado en la posición del loto en la cima del Pico San Pedro (¿O era San Carlos?) en Picos de Europa, cortándose cebollas para hacerse una sopa de idem con un infiernillo de queroseno en mitad de una tormenta de aparato eléctrico que hacía que te cagaras de miedo (literalmente los rayos descargando a nuestro alrededor) y con las nubes más negras del mundo amenazando el diluvio? ¿Y de que como toda respuesta a tus consejos de que saliese de allí pitando si quería llegar vivo a la noche emitiese un lacónico: “it’s good”? La vida está llena de coincidencias inexplicables… Porque: ¿Qué coño hacía yo allí para tener que coincidir con semejante chalado?

    • Pues qué ibas a hacer, Raúl, lo normal: aconsejar. Eso es lo que hacen las personas en su sano juicio. Se van a los lugares donde saben que van a encontrar chalados para advertirles de los peligros que los acechan. Lo que me sorprende es que no te quedases a probar la sopita, qué rica.

  5. Ángeles

    Las profundas intenciones del azar nos son desconocidas. Pues ¿cuántas camisetas no tendrá nuestro amigo peruano? ¿Diez, quince?. Pues aún en los momentos más amargos de esta crisis, digo yo, que aún no habrá tenido que vender todas las prendas que tuviera en los momentos de vacas gordas. Y abramos todos nosotros nuestros cajones y calculemos la posibilidad de elegir ésta, y no otra de todas nuestras camiisetas.
    Y además ¡qué carajo! (por no decir ¡qué co..!, que estamos en lenguaje escrito) ¿quién tiene una camiseta de recuerdo del lugar en el que vive?.
    Ahora mismo salgo de casa a comprarme una que ponga “De Madrid al cielo”. Y va a ser la única prenda que vista durante mis viajes.
    Si nadie me saluda será que el azar no ha querido que me encuentre con ningún compatriota, ó que ningún compatriota ha querido, por azar, conocerme.
    Besos.

    Besos

    • ¡Qué alegría más grande me has dado, Ángeles! Y cuánta razón tienes, además. No había caído yo en esa consideración de que normalmente no lleva uno la camiseta del lugar donde vive. ¿Será que el peruano solo tiene camisetas de Fuerteventura? Cuanto más pienso en ello, más increíble me parece. Ay, el azar. Muchísimos besos.

      • Ángeles

        Y mientras tanto, a nuestro querido peruano venga pitarle los oidos.
        ¿Se preguntará con camiseta de Fuerteventura o sin ella (que ya va siendo hora de darle un aguita) que mal le aqueja por esas tierras de Dakota?

  6. Teresa G

    Qué cosas pasan. Curiosísimo.

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