Castigo

¿Habrá mayor castigo?

Estos pobres ancianos en la residencia de Mitchell, en sus sillas de ruedas, algunos todavía capaces de valerse por sí mismos, pero ya en la mayor decrepitud, no solo tienen que cargar con sus propias miserias sino que, además, se ven obligados a soportar a un sinfín de voluntarios, almas caritativas, que se desviven por llenar los últimos días de sus vidas con actividades y entretenimientos. Es loable la intención, no lo dudo, pero digo yo, ¿no sería posible hacer una selección previa? Sí, unas audiciones o algo así, una criba, para que no pueda ir cualquiera, armado de una guitarra, a cantarles a estos pobres viejos las canciones que solamente se cantan en los funerales. ¿Es necesario que las escuchen antes de tiempo? Y aunque así fuera, ¿no podrían llevar a alguien que por lo menos supiera cantar? Ya me parece de mal gusto que se incluyan estas canciones en el repertorio, pero si además el cantante no canta, sino que aúlla y desafina como si le estuvieran pisando un callo, mientras rasguea la guitarra como si estuviera todavía en la segunda lección, eso ya es una tragedia, una burla, un despropósito, un sindiós.

¿Qué culpa tendrán estos ancianos de que haya gente dispuesta a ayudar a toda costa? Gente que, confundida, cree que se les agradece su esfuerzo. No, no se les agradece, es abominable. Que les lleven a cantantes consagrados, seguro que disfrutarían mucho, pero no a estos que se aprovechan de que los oyentes no tienen otra opción que quedarse allí, escuchando sus bramidos, porque no pueden ya hacer uso de su libre albedrío. Eso no es buena voluntad, eso es una canallada.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Castigo

  1. Paco Principiante

    Ay Dios, que me siento culpable. Que yo durante una temporada iba en Navidad a los asilos a cantarles algo…

  2. Paco Principiante

    Yo no bramaba, lo juro, lo juro, lo jurooooooooo…….

  3. Hombre, Paco, no sé cómo cantarás tú, pero lo que yo he presenciado estos días no tiene perdón. Me daban ganas de llamar a los viejos a amotinarse, no te digo más.

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