Randy

Creo que tiene cuarenta y siete años. Su mirada es más joven, se diría que es todavía un muchacho. Su cuerpo es más viejo, está muy trallado por una vida de trabajo duro y alcohol. Es un hombre sencillo, muy sencillo, que seguramente no dedica mucho tiempo a pensar en otra cosa que no sea su propia necesidad y la manera de hacerle frente.

Vive en Belvidere, un pueblo en medio de la pradera de Dakota del Sur con un censo de 49 personas. Ahora mismo, tiene dos trabajos. Uno, limpiando en el área de descanso cercana al pueblo. El otro, como cocinero (y lo que le manden) en el restaurante de su novia en Kadoka. Cuando no trabaja, se dedica a hacer chapuzas en casa, a cortar la hierba, a pescar en su bote, o a beber en el bar de JR. Esa es su vida.

Hace unos días, iba conduciendo su camioneta e hizo giro prohibido enfrente del bar. El patrullero, que estaría más aburrido que una ostra, le paró. No creo que el giro de Randy pusiese a nadie en peligro, pero el poli le paró. Y Randy llevaba un par de cervezas encima, lo cual no habría tenido excesiva importancia si no hubiese sido porque conducía con un permiso restringido. Este tipo de permiso se concede solo para ir y venir del trabajo a quien ha perdido el carné por conducir bebido. Así que Randy perdió también su permiso de conducir restringido.

Desde entonces, los jueves, cuando tiene que ir a trabajar al restaurante de Kadoka, que está a unas catorce millas, va en bicicleta. Dice que ha conseguido rebajar la duración del trayecto a 51 minutos, excepto un día que se le pinchó una rueda. Luego, el domingo, su novia le lleva en el coche de vuelta a Belvidere.

Randy es nuestro inquilino en la casa del pueblo, y de vez en cuando nos regala unos filetes de perca buenísimos de los que él mismo pesca en la presa que tiene al lado de casa y que es el hogar de unos cuantos pelícanos.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Randy

  1. Son crónicas (esas de pueblos tan pequeñitos y de ese tipo de personas) que parecen tomadas de los pueblos de la España profunda. Es curioso que todo eso ocurra en Dakota del Sur; seguramente los hombres y la vida rural es aboslutamente igual en todas las partes del mundo

  2. Supongo que sí, Miguel, que somos todos muy parecidos. Sin embargo, aquí encuentro yo una peculiaridad que aún no sé muy bien cómo expresar. A bote pronto, yo diría que se trata de una especie de aceptación social de la debilidad humana.

  3. Detrás de cada persona hay una historia,eso desde luego.
    Aquí y allá,la naturaleza humana es tan reconocible….

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