Reflexiones

Acabo de leer la entrada de Teresa hoy en su blog acerca de las razones que la llevan a continuar escribiendo ahí sus cuitas.

Yo también (y supongo que todos) pienso en ello con frecuencia.

Podríamos llevar un diario en papel donde fuéramos escribiendo nuestras cosas, pero un diario es íntimo, no lo lee nadie, es solo para nosotros mismos. O sea, que como dice Teresa, en el blog se lo estamos contando a alguien a quien no vemos. Alguien con quien puede que nos comuniquemos mejor que con gente conocida, a la que vemos todos los días. Pero yo creo que hay más. Me parece que el blog viene a satisfacer la necesidad de contar nuestra vida, lo que vemos, lo que se nos ocurre, pero de una forma elaborada. Lo elaboramos porque sabemos que lo van a leer. Cuando contamos cosas de viva voz, no tenemos mucho tiempo para pensar en lo que estamos diciendo, el ritmo de la conversación no permite mucha elaboración, y muchas veces oímos salir de nuestras bocas precisamente las palabras que estábamos intentando tragarnos. En el blog, mostramos la parte de nosotros que queremos mostrar, de la forma que queremos mostrarla. Algunos intentamos pulirnos, otros quizá quieren enseñar su parte más oscura, la que no se atreven a expresar a cara descubierta. Se trata también de un ejercicio, digamos, literario, de buscar las palabras que mejor expresan lo que tenemos dentro de nuestra cabeza, de cultivar el lenguaje para comunicarnos con más precisión. Además, prescindir del tono del lenguaje hablado nos obliga a cuidar lo que decimos para que no se malinterprete.

Como lectora de blogs, me gusta encontrar gente con inquietudes parecidas a las mías, gente con imaginación para escribir de los asuntos más variopintos, gente divertida, gente reflexiva, gente para todo. Cuando leo las entradas de alguien cuyo blog sigo con asiduidad, me parece que ya conozco a la persona. Y es verdad que la conozco un poco, pero solo un poco, una parte mínima de esa persona se muestra a través del blog. Si me apetece comentar algo, siempre tengo el pensamiento de que en realidad estoy hablando con un desconocido y que, por tanto, hay límites que no puedo cruzar, confianzas que no me puedo tomar. Para mí, se establece un trato más formal, y tanto más cuanto que me doy cuenta de que el blog de otro es como su casa, es su espacio, su territorio, en el que me invita a entrar. Pero me invita a entrar en su blog, en esa ventana a su experiencia vital, pero nada más. No me invita a entrar hasta la cocina. Y yo creo que esos límites son buenos en las relaciones entre las personas, porque sin límites resultamos groseros.

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10 comentarios

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10 Respuestas a “Reflexiones

  1. Después de escribir un comentario en el blog de Teresa sobre la comunión, que creo que es algo que late detrás del acto de escribir y dar testimonio de nuestra exploración, he caído en la cuenta de que, en misa, la comunión se materializa en un pedazo de pan. Pan. Migas de pan.

  2. Estamos menos perdidos cuando sabemos que alguien sigue nuestro rastro. Aunque no sepamos realmente dónde vamos.

  3. Me has hecho pensar con tu frase, Teresa, y creo que lo que sucede es que, aunque estemos perdidos, tenemos menos miedo cuando alguien sigue nuestro rastro.

  4. La compañía es importante. Por motivos de salud estoy sola la mayor parte del tiempo, y el blog me da compañía. Es algo muy valioso.

  5. Es verdad, Elvira, a mí también me acompaña saber que estáis ahí y que compartimos cosas.

  6. Yo hay días que sólo “hablo” con vosotros, no digo más…

  7. … y con Lea, claro, pero ella no cuenta… 😉

  8. Eduardo

    Para mí el blog es una oportunidad de comunicarme. Algunas entradas las escribo pensando en la persona o personas a quienes va dirigida (aunque ellas no lo sepan e incluso, como es el caso de mi padre, ni siquiera lo vayan a leer). Es como escribir cartas sin que el destinatario esté obligado a leerlas y menos aún a contestarlas.

    Me gusta mucho el género epistolar. Sobre todo cuando el que escribe lo hace desde un país extraño como Ángel Ganivet en “cartas finlandesas” o Juan Valera en una recopilación que leí de sus cartas cuando era cónsul en San Petersburgo. Quizás por eso me gusta tanto tu blog.

  9. Eduardo, a mí también me gusta mucho el género epistolar. Precisamente el otro día pensaba en que, cuando yo era adolescente, tenía “pen pals”, ya sabes, gente de otros lugares con quienes me escribía. Eso era, poco más o menos, lo que hoy hacemos en los blogs. Siempre me ha gustado muchísimo escribir y recibir cartas y he tenido la suerte de contar con extraordinarios corresponsales. Me has dado una idea para una entrada del blog. Muchas gracias por la idea y por tus palabras de aliento. Es siempre importante tener personas a quienes les gusta lo que uno hace. Un abrazo.

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